6 de julio de 2006

Narciso


Tiene la piel extremadamente pálida y los ojos oscuros. Sus rasgos perfectamente proporcionados y la delicadeza con que la sonrisa adorna su semblante sereno y arrogante hace pensar en un lejano y desdichado Narciso. Su andar melancólico y ondeado; el cabello revuelto ante las brisas invernales y las luces ciegas. Va así, con la vanidad que sólo la belleza proporciona, tomando pequeñas flores de las praderas cercanas. Las hay coloridas y radiantes; apacibles y fúnebres; grotescas y cubiertas de espinas. A todas coge con sus dedos largos y fríos, aquellos sonrosados y suaves que consumen y acarician; derrotan, sepultan y asesinan. Flores cubiertas de rocío, flores insípidas y marchitas, bellas y ocultas que hacen brillar sus ojos y aumentar la codicia que se puede leer en ellos al suspirar. Absorve el perfume de las fúnebres, agota la belleza de las radiantes y quita las espinas de las grotescas que jamás lograron herirlo. Todas son importantes, unas más que otras, pero simplemente no puede evitarlo: las desea, las necesita con aquella pasión del jamás satisfecho, de aquel que necesita nutrirse de la belleza ajena para seguir subsistiendo.
Hoy lo he visto de cerca. Comprendí su eterno círculo vicioso; la debilidad que para otros es fortaleza. Y lo habré de compadecer por siempre. A él, a la eterna perfidia y a su resplandor.

1 Comments:

Blogger Friz said...

No estoy sorprendido por este post.

Si se trata de ti no debería de estarlo, tú sabes cuanto te aprecio.

Aun así quiero mandarte un beso y un abrazo. Provocaste mucha emoción en mí.

Te "veo" luego en el msn .. chau.

2:11 p. m.  

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