Regina Coelis

Fue entonces que los cinco noviembres presentaron sus alabanzas y todo se sumió en un estado de aparente quietud. Tras los lagos místicos y añiles pudimos recorrer el camino mirando hacia los Olimpos que se extendían por todos los confines, mágicos y ruines, conmemorando cada segundo como el más excelso de los desprecios embaucados. Supe tanto y tan poco; vislumbré su piel sonrosada y el azul de su mirada. La vi así, caminando entre las sombras con el cabello ondeado y aquella risa maligna y devota que iba inundándolo todo. Pensé en cornucopias, obeliscos, doncellas vírgenes y crisálidas grises. Imaginé que ella todo lo era, que siempre lo había sido; aún cuando la gracia embriagaba su semblante y perdía cada designio de crueldad y soberbia que adulaba su mirar; aún cuando su belleza adquiría la candidez insulsa de las hijas de Eros; aún cuando su naturaleza atroz y despiadada se extraviaba –embelesada por las teclas del clavecín y los susurros del viento- entre la niebla y la humedad de un invierno eterno en el cual ella reinaba.
¡Regina hermosa y maldita! Jamás verás las espinas de tu traición clavadas en mis muñecas. ¡Cándida criatura celeste! Encuentra, en medio de la capa de crisantemos, los juegos de niña de una infancia ya sepulta y por siempre añorada: las muñecas de cristal. Espolvorea sus mejillas y pinta sus labios junto con los tuyos, criatura narcisa e infecunda. Así irán expandiéndose los milenios de sus piras y collares de perlas: entre el martirio, candor, la crueldad, belleza, arrogancia y soberbia de una eterna niña jamás consolada.
¡Regina hermosa y maldita! Jamás verás las espinas de tu traición clavadas en mis muñecas. ¡Cándida criatura celeste! Encuentra, en medio de la capa de crisantemos, los juegos de niña de una infancia ya sepulta y por siempre añorada: las muñecas de cristal. Espolvorea sus mejillas y pinta sus labios junto con los tuyos, criatura narcisa e infecunda. Así irán expandiéndose los milenios de sus piras y collares de perlas: entre el martirio, candor, la crueldad, belleza, arrogancia y soberbia de una eterna niña jamás consolada.

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