La Muerte de *
Ya es demasiado tarde.
Pude haber cogido un poco del desprecio que siempre cultivo entre rosas y espinas; habría sido mejor que con la sutil e impalpable indiferencia lo fuera asesinando de a pocos. O tal vez de una sola mutilacion envuelta en agonía y perpetuidad hubiera sido inmortalizado ante las millones de criaturas que habitaron el Mundo Paralelo que dejé abandonado con las enredaderas negras. Mas, pese a su naturaleza excelsa y despiadada, a su candidez espectral y sabiduría, el brillo omnipotente de la misericordia seguirá reinando por siempre en los lunes sabbathicos.
La voz maldita seguirá gobernando las palabras de este escrito. La bendición de su hablar, frío e impávido, irá moldeando la catástrofe de la repercusión literaria y la idealización demoníaca de la virtud pagana. Antes de ingresar a los castillos imaginarios de nubes y alucinógenos violeta, debí coger la misma lanceta por cuya punta pereció Cristo, y clavarla entre las bougainvilleas de cristal y la déspota risa que oscureció su anuncio, el sepulcro marchito.
Aún así, espera la Resurrección.

2 Comments:
que así sea, amén...
No termino de asegurarme si lo mataste o lo dejaste morir.
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