9 de octubre de 2006

El Cisne

I. Asepsia

Roma tú fuiste, infeliz esquive
de la apoteosis sacerdotal
postrada infame, rex de lirio
que el Imperio de perlas declive
donde yace, espejo y profano, el delirio
bajo la clemencia del rictus carnal.

Inclínese
el antifaz mortuorio de la Reina de Nieve
oculto en la fuente de seda
Que dícese
habitan en la doncella el seno y el vientre;
y bajo los blancos muslos, el beso que ésta conceda.

Aún así gemiríase el llanto
entre escarcha de hielos azules disuelto;
eres tú la Jerusalén de antaño
de entre las fábulas lo grotesco y las hadas, encanto
cual féretro inerte, llano, desahuciado, infecto.



II. Misoginia
Se ha la liturgia cadavérica consumado
en castos tornasoles del altar
que el áurea dorada iluminan
y el embeleso despótico oscilan
de las vírgenes serenas el almíbar amado
la condición de ensueño, del dilema, del cantar.

Violetas
las pitonisas de jazmines y celliscas
que bajo la pureza límpida de los pilares
a los cruzados clavaron las lancetas;
que a los herejes y Bacos roban los cristales;
que entre los sarcófagos de Santos hechizan.

Son viles las mariposas que habitan el infierno
en las cumbres levadizas de las letanías enalteciéndose
bajo las muertas catedrales;
gócese el quiebre de quienes a los campos otorguen,
a quien en la mirada encuentre los grotescos cardenales…
Y entre el fuego, el placer inconsumable, eterno.