4 de noviembre de 2006

Herética

Escríbase un nombre: un nombre prolongado, tácito, romano, griego, lleno de vocales y æ’s; una voz latina y ya extinta, el dominio de un rex inefable y maldito, para así suprimir su gloria y convertirla en cenizas de lirios. Entonces los arcos y las esculturas color piel de labios rosáceos tomarán el soplo vital con la gracia magnánima del excelso desprecio. ¡Déspota risa, llanto interlunar, ciega ataraxia!

Entre los maleficios invernales y los susurros congelados, muertos, habitará cada uno de sus rasgos inmortalizados por el cincel. ¿No se oculta acaso la miseria en las alas de lo grotesco, lo maravilloso e inconcebible? El martirio fulginoso y prodigioso, lleno de travesías hacia el mundo de lo desconocido y las esencias de antaño, blasfemas e impías, disueltas en la piedad irreconocible de la misericordia. Es la índole del odio y la veneración sacrílega que cubre con su manto límpido ambos ojos claros, distantes y ya descubiertos por la virtud. Se sabe que todo es tal vez inexistente y ruin, pero no puede evitarse contemplar el resplandor ya profano y sentir en lo más hondo de la impavidez marchita, un profundo dolor que carcome y satiriza.

La voz ha ya cambiado. El cándido sonido corto y fugaz es ahora fúnebre y grave. Las notas inmortales que diluyen las arcaicas memorias en donde las risas jamás existieron y la indiferencia hermosa y sutil hubo de reinar en un palacio de nieve, frío, impasible, estoico, cruel, han partido ya. Con ellas, todo lo que existió en los albores de la muerte.

2 Comments:

Blogger Deicidio said...

deberías componer para black metal, me encanta tu redacción, es como viajar por los Cárpatos o por los bosques noruegos.
Tienes ganas de hacerle daño a un rostro?

2:21 p. m.  
Blogger cbob said...

infinitas

10:58 p. m.  

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