Herética
Escríbase un nombre: un nombre prolongado, tácito, romano, griego, lleno de vocales y æ’s; una voz latina y ya extinta, el dominio de un rex inefable y maldito, para así suprimir su gloria y convertirla en cenizas de lirios. Entonces los arcos y las esculturas color piel de labios rosáceos tomarán el soplo vital con la gracia magnánima del excelso desprecio. ¡Déspota risa, llanto interlunar, ciega ataraxia!
Entre los maleficios invernales y los susurros congelados, muertos, habitará cada uno de sus rasgos inmortalizados por el cincel. ¿No se oculta acaso la miseria en las alas de lo grotesco, lo maravilloso e inconcebible? El martirio fulginoso y prodigioso, lleno de travesías hacia el mundo de lo desconocido y las esencias de antaño, blasfemas e impías, disueltas en la piedad irreconocible de la misericordia. Es la índole del odio y la veneración sacrílega que cubre con su manto límpido ambos ojos claros, distantes y ya descubiertos por la virtud. Se sabe que todo es tal vez inexistente y ruin, pero no puede evitarse contemplar el resplandor ya profano y sentir en lo más hondo de la impavidez marchita, un profundo dolor que carcome y satiriza.
La voz ha ya cambiado. El cándido sonido corto y fugaz es ahora fúnebre y grave. Las notas inmortales que diluyen las arcaicas memorias en donde las risas jamás existieron y la indiferencia hermosa y sutil hubo de reinar en un palacio de nieve, frío, impasible, estoico, cruel, han partido ya. Con ellas, todo lo que existió en los albores de la muerte.
Entre los maleficios invernales y los susurros congelados, muertos, habitará cada uno de sus rasgos inmortalizados por el cincel. ¿No se oculta acaso la miseria en las alas de lo grotesco, lo maravilloso e inconcebible? El martirio fulginoso y prodigioso, lleno de travesías hacia el mundo de lo desconocido y las esencias de antaño, blasfemas e impías, disueltas en la piedad irreconocible de la misericordia. Es la índole del odio y la veneración sacrílega que cubre con su manto límpido ambos ojos claros, distantes y ya descubiertos por la virtud. Se sabe que todo es tal vez inexistente y ruin, pero no puede evitarse contemplar el resplandor ya profano y sentir en lo más hondo de la impavidez marchita, un profundo dolor que carcome y satiriza.
La voz ha ya cambiado. El cándido sonido corto y fugaz es ahora fúnebre y grave. Las notas inmortales que diluyen las arcaicas memorias en donde las risas jamás existieron y la indiferencia hermosa y sutil hubo de reinar en un palacio de nieve, frío, impasible, estoico, cruel, han partido ya. Con ellas, todo lo que existió en los albores de la muerte.


2 Comments:
deberías componer para black metal, me encanta tu redacción, es como viajar por los Cárpatos o por los bosques noruegos.
Tienes ganas de hacerle daño a un rostro?
infinitas
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