En Cantamientos

Después de dos semanas en lo mismo, escribiendo como si nada hubiera sucedido, me percaté de la palabra 'incesto' y 'contranatura'. El marrón influyó demasiado. Hubiera venido como antes; como el sábado, el domingo, el no-sé-qué día feriado, pretendiendo que todo existía y el sol salia sólo para fastidiarme. Melodías funestas, como si fueran bailarinas de cajas pequeñas y compactas; las de Huraño. No es un clavecín, no es el sonido hueco y triste; es el armonioso, el vacío y grotesco.
Le hubiera dicho ¿Te puedo dibujar? Me quedaré los próximos milenios con la sensación del cabello, de la piel que jamás fue clara, los ojos tan comunes y vulgares, el timbre de voz grave y triste.
Vuelvo a preguntar. ¿El color marrón influyó en algo? Probablemente sí. Schubert. Que siga sonando la melodía que reconocí en pedazos. No es el clac hueco, sino el límpido y abominable. ¿Pero qué puede hacerse si es que así lo quiere? ¿Escuchar cómo el sonido brota de sus manos, y tratar de comprender cómo se puede seguir permitiendo que carcoma la imagen fija que alguna vez estuvo allí, postrada e inerte? ¿Y es, acaso así?
A un pianista.


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